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The Color of Desire

The Color of Desire

Written and Directed by Nilo Cruz

Set by the end of 1960, at the beginning of the Revolution, the air is heavy with heat and military presence, as a dashing American businessman, who is about to lose everything, hires a young Cuban actress to play a role unlike any she’s ever had: the woman he loved but has now abandoned him. This play is a vibrant exploration of the lost love affair between the United States and Cuba.

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El color del deseo: la poderosa magia del teatro

BY José Abreu Felippe, El Nuevo Herald

Nilo Cruz recrea en El color del deseo –hermoso y enigmático título que me hace pensar en El color del verano de Reinaldo Arenas–, el comienzo de la destrucción de los cimientos de la democracia –y de la libertad– en Cuba por parte de la incipiente dictadura de Fidel Castro. Corre el año 60, el segundo de la toma del poder y, a la par de los fusilamientos sumarios comienzan las llamadas “nacionalizaciones” de empresas –muchas de las intervenidas eran ya de “nacionales”, así que resultaba difícil de entender– y negocios. Preston (Ariel Texidó), un joven y exitoso norteamericano, sabe que está a punto de perderlo todo, que no tendrá más remedio que partir, como muchos ya están haciendo, pero acaba de sufrir una gran pérdida –el amor de su vida lo ha abandonado– y se obsesiona con Belén (Alexa Kuve), una muchacha que quiere ser actriz. Entonces le propone un extraño juego, que interprete exclusivamente para él al amor perdido –se proyectan imágenes evocadoras–. Otra pareja de norteamericanos algo ingenuos, Oscar y Carolyne (Serafín Falcón y Anna Silvetti), que no comprenden del todo lo que está sucediendo, permiten ver otra faceta del conflicto –la confiscación de la casa familiar–. Hay un presunto amigo, Orlando (Roberto San Martín), que representa la otra cara de la moneda, el oportunismo y el militarismo ramplón.

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Al comenzar la obra, se aprecia el extenso escenario prácticamente vacío. Solo un grupo de seis sillas a la derecha y otras dos, algo más señoriales, con brazos, a la izquierda. Por un momento temí, antes de que comenzaran a entrar los actores, que iba a presenciar otra obra más “minimalista” –término usado con frecuencia para encubrir la falta de recursos o de imaginación, que no era el caso–; pero pronto aquella sensación se esfumó. Primero con la entrada de Leandra y Albertina (Zully Montero y Teresa María Rojas) que convirtieron en hogar un sector del escenario con la sola utilización de una tela roja y su presencia, que ya es mucho decir.

Más tarde, la magia del teatro con todo su poder, se apoderó de los espectadores cuando al descender seis cortinas blancas, que escoltaban una impresionante lámpara de innumerables brazos, el recinto se transformó en pista, en casino, en cabaret. Y el presentador (Andy Barbosa), bailó, cantó, y animó a la concurrencia.

Excelente diseño de luces de Carlos Repilado, al igual que el vestuario de Gema Valdés. Todas las actuaciones fueron sobresalientes el día del estreno, lo cual es normal con ese elenco, más con dos monstruos de la actuación en escena: Zully Montero y Anna Silvetti. Sin embargo, es preciso destacar la labor de Ariel Texidó, de Alexa Kuve, y sobre todo de esa maestra de maestros que es Teresa María Rojas. Un bravo por ella.

Al final, ya idos los gringos, Belén se pasea sola y llega un joven (Alexei Reyes), se miran, se entienden, y se van juntos. Bonito final que se me antoja esperanzador.

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