“Si Dios es amor ¿por qué…?”

     Un altar queda suspendido en el aire bajo una luz cenital violácea. Unas vidrieras con los cuatro apóstoles ambientando el interior de una iglesia en Miami. A los pocos minutos, todos los espectadores cruzamos nuestra mano de la frente al pecho y del hombro izquierdo al contiguo. Hemos dispuesto la señal de la cruz sin darnos cuenta en el mismo momento que el párroco Monroe (Ariel Texidó)nos da la bendición: “En nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo…Amén”

 

A su diestra, el obispo Andrews (Carlos Acosta-Millán) investido con la estola y el solideo púrpura, escucha con diligencia su sermón: “Lo que quiere Dios es que rompamos la cerca, los muros…las fronteras. En la casa del Padre: muchas moradas hay”.

 

Junto al sagrario, una familia. Tres mujeres bajo las palabras atentas del clérigo: la abuela Martina (Teresa María Rojas) sintiendo el gozo de ver feliz a su primogénita Marcela (Claudia Valdés) mientras toca el piano en los actos religiosos que se suceden en el lugar. Y su nieta Trini (Andrea Ferro) acompañando a la anciana en su silla de ruedas. En la escena posterior, aparecerá en el salón de la casa, Taviano (Joel Hernández Lara), el hijo pródigo que se fue a estudiar medicina a Santo Domingo. Y un “fantasma” vestido de blanco y con sombrero panameño para recordar quién fue su padre; es decir, el marido que Martina tanto cita en sus delirios.

 

Todo este arranque impecable junto a una modélica escenografía de Nilo Cruz ¿para qué? Para ubicar un interesante argumento basado en un hecho real -…la vida del padre Alberto Cutié-  sobre tres líneas bien claras y sutiles: el cuestionamiento del celibato en la Iglesia Católica; una fotografía sobre la vejez y sus consecuencias mentales sobre una octogenaria adorable; y la pérdida interna de los orígenes, en este caso, la añoranza de una Cuba que solo forma parte del recuerdo entre sus personajes.

 

Desde la escritura, celebrar su concepto contemporáneo y la distribución bajo una doble trama. Pocas son las obras en esta metrópoli que hablen de la realidad que les concierne como ciudadanos y que, además, lo hagan sin más concesión que la agudeza a la hora de plantear, desde el mundo local, lo que sucede. En la pieza, me identifico mejor con los diálogos cuando hacen referencia a la disputa entre el obispo y la culpa que siente Monroe por amar a Marcela ante Dios. O las que se establecen, desde la alucinación, entre Taviano y Martina. Aquí, el autor, sacude las conciencias más conservadoras de su público y lo hace bajo la elegancia y desenvoltura a la hora de dirigir una proverbial puesta.

 

En cambio, las conversaciones que se elaboran ante el amor que ellos gozan entre sí, o las que se suceden en la propia sala hablando del pasado habanero familiar… las encuentro algo tópicas y sabidas. Si bien pueden ser justificadas por lo que pretende en sí el teatro para atraer el público de la comunidad cubana a la platea. Un escenario donde las razones del exilio, por las cuales se encuentran viviendo en EE.UU, se aborden como relato y estén siempre presentes.

 

Remarcar sin duda, entre otras, dos escenas desde una magia y belleza únicas. La primera cuando los dos amantes se encuentran en el confesionario, sin más muebles ni celosía que el que crean ellos mismos con sus propios dedos y su figura ante el público. Ariel Texidó y Claudia Valdés llegan a la cima de este espectáculo en este instante.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y la segunda, cuando Martina, impoluta de blanco –magnífico vestuario Gema Valdés- y con un velo en el rostro…camina hacia la muerte junto a su “marido” fantasma que la viene a recoger. Momento apoteósico de Teresa María Rojas con su mirada al vacío recibiendo un beso labial del joven esposo y en procesión hacia la sepultura.

 

Destacar también el resto del elenco con la fuerza escénica y vocal de Carlos Acosta-Millán fungiendo de obispo. La simpatía expuesta como nieta y el potencial futuro de la actriz Andrea Ferro. O la versatilidad y organización interna que implica duplicar un personaje, como padre e hijo al mismo tiempo, de Joel Hernández Lara en el papel de Taviano. Si bien la juventud de este último – …nada que objetar al actor- a veces confunde ciertas lecturas del texto con respecto al papel que juega con su sobrina, o con la gran distancia en edad con respecto a Martina desde mi criterio como espectador.

 

Agradecer la calidad musical tanto en la elección de las piezas clásicas como la excelencia en la escucha del sonido de José Toledo y Frank Martínez. La cotidiana y lúgubre iluminación cuando lo requiere el momento a cargo de Celso Peruyera y su operador de luces Stevie Agnew. Y por supuesto, esto no sería posible, sino hubiera alguien detrás siguiendo de cerca la construcción del día a día en Baño de Luna: su productora Alexa Kuve y el equipo de Arca Images

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para finalizar una anécdota.

 

Mientras esperábamos para acompañar y aplaudir al grupo en el vestíbulo, escuché a alguien decir casi a viva voz la siguiente oración: “Y el susodicho…¿ha venido a ver la obra o no?”. Pues bien, según averiguaciones de periodista amateur en temas de investigación: no vino.

 

Subrayar que… acudí a la última función y, al salir, la luna estaba en cuarto menguante iluminando Flagler Street.

 

Por cierto, no se la pierdan. La obra se ha repuesto y las últimas funciones son el 7,8 y 9 de septiembre. ER

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‘BAÑO DE LUNA’ OF CHURCH AND THE STATE OF EARTHLY LOVE

WRITTEN BY: MIA LEONIN

 

“Baño de Luna,” written and directed by Pulitzer-prize-winning playwright Nilo Cruz and presented by Arca Images and the Miami-Dade County Auditorium, marks the debut of the Spanish-language version of “Bathing in Moonlight,” the original English production that debuted at the prestigious McCarter Theatre Center in Princeton, N.J., in 2016.

 

Performed by a stellar cast in Spanish with simultaneous audio translation in English through Sunday at the Miami-Dade auditorium, “Baño de Luna” opens with a telling anecdote. Father Monroe, a Catholic priest in his forties, shares a story with his congregation about three soldiers who attempt to bury their fallen friend on the grounds of a Catholic church. The priest won’t allow it because no one knows if the deceased soldier has been baptized or not, so the man is buried outside the church grounds. When the soldiers return to visit the gravesite, they learn that the priest regretted his actions and extended the boundaries of the churchyard to include the soldier’s grave.

 

Father Monroe (impressively portrayed by Ariel Texidó), stares intently at the congregation and proclaims: “It therefore makes sense for us to remove all fences in life through warmth, kindness, charity, liberality, generosity, so we can find our way to the house of the Lord.” This foreshadows one of the play’s central themes and Father Monroe’s dilemma: what are the limits of love and how does one reconcile human love with the limits that religious devotion exacts?

 

On the surface, “Baño de Luna” is the story of a church scandal. Father Monroe falls in love with his parishioner, Marcela (Claudia Valdés), and must choose between his sacred commitment to the Catholic Church and his newfound discovery of earthly love. Father Monroe’s predicament is much more interesting as a spiritual and existential crisis than it is as a moral one, and Texidó plays out the priest’s struggle with nuance. Furthermore, Valdés’ performance as a single mother – out of work and overburdened with financial problems and the responsibility for her aging mother – is subtle and emotionally rich.

 

The other powerful dramatic element in “Baño de Luna” is the story of a Cuban family in exile. When Marcela’s ne’er-do-well brother Taviano (Joel Hernández Lara) shows up, each family member must contend with the consequences of Martina (Teresa María Rojas), the family’s matriarch, and her desire to replicate the upper-class life she enjoyed in Havana versus the reality of a cash-strapped immigrant’s life in Miami, not to mention the toll these expectations exacted on her late husband and her children.

 

In the role of Martina, the ineffable talent of Rojas shines. She portrays Martina’s complexity – her sassy sense of humor, ephemeral dreaminess, and ferocious passion -- to a tee. It’s a perfect farewell performance for Rojas, who is retiring after 50 years of an iconic presence in the South Florida theater scene.

 

Hernández Lara is the only odd casting choice, as Martina’s son Taviano and as her late husband in a few dream sequences. The actor looks to be in his early twenties; yet, we are supposed to imagine him as a man at least a decade older. Despite this quirk, Hernández Lara delivers a convincing performance of a confused, volatile young man.

 

The cast is rounded out with strong performances by Andrea Ferro as Marcela’s idealistic daughter and Carlos Acosta-Milián, who plays Bishop Andrews, Father Monroe’s mentor and superior. It is through the scenes between the priest and the bishop that we experience the complexity of Monroe’s love for Marcela and the church -- and his refusal to accept these loves as mutually exclusive.

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Claudia Valdés y Ariel Texidó en ‘Baño de luna’. Pedro Portal pportal@elnuevoherald.com

‘Baño de luna’, elegancia y maestría para abordar un tema difícil

JOSÉ ABREU FELIPPE

Especial/el Nuevo Herald

07 DE AGOSTO DE 2017 4:38 PM

 

Escrita y dirigida por Nilo Cruz en una producción de Arca Images y el Miami-Dade County Auditorium, Baño de luna plantea en primer plano el conflicto del padre Monroe (Ariel Texidó), un sacerdote católico de 41 años que se enamora de Marcela (Claudia Valdés), una feligresa que también se siente atraída por él. La muchacha es una madre soltera a quien ayuda económicamente y a la que le permite, para practicar, tocar el piano en la parroquia. El clérigo está convencido de que puede servir a su iglesia, amar a Dios y a la vez a una mujer, aunque, claro, también pesa el tiempo que pasó en el seminario preparándose, durante el cual, se supone, debía confirmar su vocación, luego los votos de castidad, el celibato, el compromiso de por vida con su iglesia. No obstante, piensa, no sin cierta candidez, que no hay contradicción entre sus dos amores, y así se lo manifiesta a su superior, el obispo Andrews (Carlos Acosta-Milián) que termina cesándolo en sus funciones. Esto no es un problema nuevo, pero Cruz, Premio Pulitzer 2003, lo desarrolla con mucho tacto, gran elegancia y maestría. La obra tuvo su estreno mundial en inglés en el 2016.

 

La pieza comienza con un sermón del Padre Monroe donde, en esencia, se concluye que “hay que mover la cerca” –lema que se retoma al final–, ampliar horizontes, incluir en vez de excluir. Con sencillez, el ambiente de la parroquia está dado por proyecciones de vitrales, una imagen que recuerda al Cristo Pantocrátor y un altar muy ingenioso. Con solo levantar un telón, se pasa al segundo plano, la casa de Marcela. Martina, interpretada por Teresa María Rojas en lo que anuncia como su despedida de las tablas (que esperamos no sea cierto, los grandes artistas siempre se están despidiendo), es la matriarca de la familia. Tiene la cabeza algo ida, al extremo de que cuando parece Taviano (Joel Hernández Lara), su hijo, que había estado ausente por algún tiempo, presuntamente estudiando para médico, lo confunde con su difunto esposo y tiene ensoñaciones con él. Trini (Andrea Ferro), la hija de Marcela cierra el panorama familiar. Aquí, en la casa, que desde luego visita el padre Monroe, los problemas son otros.

 

En Cuba la familia vivía bien, tenía una destilería de ron, y cuando llega la debacle, escapa a Estados Unidos, perdiéndolo todo, como le sucedió a tantas y tantas familias, y llegando a su destino con las manos vacías. Es simpático pero nada creíble –en un rapto de furia se lo reprocha el hijo a la madre–, que el padre haya caído preso porque ella lo obligó a escapar vestido de traje y con un corsé donde transportaba sus joyas. Otro barco, dice, donde los fugitivos iban “disfrazados de pescadores”, pudo escapar sin problemas. Ni siquiera la furia y el rencor del hijo son creíbles. Como si fuera poco, este acusa a la familia de haberse enriquecido con el contrabando de ron a Estados Unidos (¿en los años 20 del siglo pasado cuando la Ley Seca?). Trini, ama los fondos marinos y sueña con ir a Cuba a ver unos peces que, según ella, tienen unas características especiales. Taviano se ofrece para llevarla. Al parecer hay como un antagonismo generacional, Martina se opone con vehemencia. Los jóvenes quieren ir. No piensan o no les importan los ahogados en esas mismas aguas ni los fusilados o los presos como su padre ni el infierno en que se convirtió el país de donde tuvieron que escapar. En esta escena el nivel de diálogo adquiere un lirismo exacerbado rayano en la cursilería más empalagosa.

 

En general, todas las actuaciones son muy encomiables, al igual que el trabajo de luces y la música. Pero habría que destacar la labor de Texidó y la de esa Maestra de Maestros, Teresa María Rojas, precisa en cada inflexión de voz, en cada gesto. Aunque no es lo mejor de Nilo Cruz, resulta una puesta bien interesante tocando un tema de actualidad, impecablemente dirigida.

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Elenco de ‘Baño de luna’: (desde la izq.) Carlos Acosta Milián, Joel Hernández Lara,

Ariel Texidó, Teresa María Rojas, Andrea Ferro, Claudia Valdés, el autor y director

Nilo Cruz y la productora Alexa Kuve. PEDRO PORTAL pportal@elnuevoherald.com

 

 

 

 

 

 

 

 

Marcela, una pianista cubanoamericana de Miami, atraviesa una situación económica difícil. Las deudas la agobian.

Como madre soltera, tiene que asumir la crianza de su hija adolescente. Para colmo de males, Martina, su madre, se

ve obligada a vender su piano para pagar los estudios universitarios de Taviano, su hermano menor. Pero la mala racha no impide que la muchacha renuncie a sus sueños ni mucho menos al amor que siente por la música. Un amor que comparte con el padre Monroe, el párroco de su iglesia, quien le permite practicar en el piano del templo. En la medida que los encuentros son más frecuentes, entre ellos crecerá una pasión difícil de contener. “Baño de luna es la historia de un sacerdote que se debate entre el amor por su vocación y el de una mujer”, explicó, su autor Nilo Cruz, Premio Pulitzer 2003, quien asumirá la dirección del estreno en español en el On. Stage Black Box del Miami-Dade County Auditorium, desde el 3 hasta el 13 de agosto.

 

El elenco está integrado por Ariel Texidó, Claudia Valdés, Carlos Acosta Milián, Joel Hernández Lara, Andrea Ferro y

Teresa María Rojas, en el personaje de Martina. “El padre Monroe sufre una crisis cuando cae bajo el hechizo de la

música de Marcela. Y aunque nunca se ha planteado renunciar al sacerdocio, las circunstancias lo obligarán a tomar

decisiones imprevistas”, agregó Cruz, tras señalar que en su obra los personajes están tratando de crear su propia luz y sacrifican lo más preciado por alcanzar el amor”.

 

Sobre las fuentes que lo inspiraron, el autor reveló que una fue la renuncia al celibato del sacerdote católico Alberto Cutié, más conocido como Padre Alberto, por el amor de Ruhama Buni Canellis, en el 2009, con quien a la postre se casó y tuvo dos hijos. Actualmente Cutié es sacerdote anglicano/episcopal en la Diócesis del Sureste de la Florida. “Aquella noticia me conmovió sobremanera. No solo por el hecho en sí. La reacción de la comunidad, que se dividió en dos bandos, me hizo reflexionar acerca del celibato que aún impone la Iglesia Católica”, recordó el dramaturgo.

 

A lo largo de la historia afloran varias subtramas, como la Taviano –“que no puede complir con las expectativas de la

familia”– y la de Martina, la matriarca, “que trata de recuperar un pasado que nunca volverá”. El personaje estará

interpretado por Teresa María Rojas, una leyenda del teatro en Miami, que se despide de las tablas.

 

Teresa fue la maestra, la mentora que me encaminó desde mis comienzos en el grupo Prometeo del Miami Dade College, y que con el tiempo actuó reparto de mis piezas Ana en el trópico, El color del deseo y Belleza del padre”, evocó el director. “Me emociona que decidiera decirle adiós al teatro con una de mis obras”. Rojas es una de las pioneras del teatro en español miamense. Durante más de medio siglo ha interpretado papeles de todo tipo. Es fundadora de Teatro Prometeo. La actriz confesó que Baño de luna “decidió el momento” para la retirada.

 

“Nilo escribió el personaje pensando en mí y lo llenó de cosas mías. Martina y yo tenemos las mismas salidas inocentes e inoportunas. Quienes vean la obra comprenderán enseguida por qué pienso que es un buen adiós”, dijo Teresa María, que a diferencia de la leyenda del teatro francés Sarah Bernhardt (1844-1923) no quisiera morirse en escena.

 

Baño de luna ganó el Premio Greenfield 2016. Ese mismo año tuvo su estreno mundial, en inglés, por el McCarter Theater, de Nueva Jersey, bajo la dirección de Emily Mann. El montaje de Nilo Cruz está presentado por Arca Images y el Miami-Dade County Auditorium.La producción general corre por cuenta de Alexa Kuve.

 

‘Baño de luna’ On.Stage Blackbox del MDCA. 2901 W. Flagler St. Funciones: jueves a sábados, 8:30 p.m. Domingos,

5 p.m. Boletos: $25, $20 (tercera edad y grupos de más de 10) y $15 (estudiantes). Desde el 3 hasta el 13 de agosto.

Informes: 786-327-4539 www.arcaimages.org. Traducción simultánea al inglés disponible.

Siga a Arturo Arias-Polo en Twitter: @arturoariaspolo

"Baño de Luna" la historia de un amor

 imposible

ARTURO ARIAS-POLO

aarias-polo@elnuevoherald.com

JULY 27, 2017 12:25 PM

La actriz y pedagoga Teresa María Rojas dirá adiós a las tablas con el personaje

de Martina. PEDRO PORTAL pportal@elnuevoherald.com

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teatroenmiami.com

Baño de luna: fe y razón encontradas.

Por Max Barbosa www.TeatroenMiami.com

PRIMERA CITA

siempre predispuesta a la melancolía, sin arreglar la falda del vestido,estallaban furiosos resplandores en mi pecho; el corazón, tan habituado a las nubes cambiantes, parloteaba intranquilo. Subí al teatro pero no hubo presagio primero que el andar. Y así, yo que llegaba trayéndole un desorden de preguntas y él que abría sus brazos dándome la eterna opinión de su mirada.

 

                                                                                       (Teresa María Rojas.)

 

Baño de luna, dramaturgia y dirección de Nilo Cruz, tendrá su estreno en castellano el próximo 3 de agosto. Sucedió en inglés a través del McCarter Theater, New Jersey, durante el 2016; obteniendo en ese mismo año, el Premio Greenfield que ofrece Hermitage Artist Retreat, Filadelfia.  Actuán: Ariel Texidó (Padre Monroe), Claudia Valdés (Marcela), Carlos Acosta-Milián (Obispo Andrews), Joel Hernández Lara (Taviano, padre e hijo), Andrea Ferro (Trini) y Teresa María Rojas (Martina). Aseguran que, con esta actuación, Teresa María se despide de la escena.

 

“No del teatro”, afirma.

 

Estaremos en presencia de las peripecias del P. Monroe y Marcela relacionadas con el amor así como las subtramas que conforman el resto de los personajes: los avatares de los Tavianos, la inocencia de Trini y esa volátil imaginación que caracteriza a Martina.

 

“El adora a la Iglesia Católica pero, al mismo tiempo, su vida ha cambiado por el amor que siente por esta”, dice Nilo, agregando que tomó una decisión cuando tenía veintiuno pero ahora posee cuarenta y uno. El conflicto va más allá del romance entre ellos. Monroe trata de ayudar a una familia a sortear las penurias económicas que padecen sin tener en cuenta la pasión que lo oprime aunque dicha compasión aumente su pesar. Conocerá, por ejemplo, la frustración de Taviano, hermano de Marcela, por no poder concluir los estudios de medicina en República Dominicana. Él, que era la esperanza familiar para salir delante.

 

“Como todas mis obras, no es una obra de argumento. No intento crear una tesis sobre el celibato. Es una obra de personajes donde cada uno tiene su jornada, enlazándolas unas con otras.”

 

El Papa Emérito Benedicto XVI se ha referido a las relaciones entre fe y razón, cómo ambas se complementan, ¿es evidente esto?

 

Lo que puedo decir es que el P. Monroe no pierde su fe y amor en el Señor ni su integridad a Dios. El conflicto no es con él, es con la Iglesia. Es uno de los temas que la obra trata de indagar. Es un tema muy de moda.

 

La puesta comienza con un prólogo-sermón-monólogo en el que Monroe expone el carácter inclusivo de Dios. ¿Este no influye para que el espectador se identifique con su padecer?

 

En absoluto. Él está predicando sobre el amor, que no tiene barreras. Está hablando del amor al prójimo. Es interesante como el monólogo toma otra dimensión. Lo escribí hace dos años y ahora tenemos un presidente que está tratando de crear fronteras, cercas. La obra quiere que el pueblo se una a través del amor, de la tolerancia. Es muy bello, muy cristiano.

 

¿Cuba, está presente?

 

Sí...,  la familia es cubana-americana. Son emigrantes. Martina, que es la de más edad, tiene ideas retrógradas: no quiere que Trini, su nieta, vaya a Cuba hasta que no cambie del todo.

 

Teresa María Rojas es el teatro personificado. Actriz, directora, profesora de actuación y poeta por añadidura. Creó el Teatro Prometeo del Miami-Dade Collage donde formó teatreros por más de una década; entre ellos: Nilo Cruz. Ahora decide actuar por última vez dirigida por su alumno más laureado. (Premio Pulitzer 2003 por  Anna in the Tropics)

 

“Teresa es la que me inspira a seguir en el teatro, a dejarlo todo por el teatro, encaminó mis pasos, fue mi inspiración. Es un gran honor para mí que decida abandonar las tablas con una de mis obras.”

 

Como director, tu relación con ella…

 

Es un poco complicado. Es como dirigir a mis padres pero tenemos complicidad porque queremos lo mejor para la puesta en escena.

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Los protagonistas de Baño de luna ensayan la pieza teatral.

 

La escena teatral de Miami se viste de lujo con el estreno de Baño de luna, obra que el dramaturgo cubanoamericano Nilo Cruz presenta en el OnStage Blackbox del Miami-Dade County Auditorium a partir de este jueves 3 de agosto, con la actuación especial de Teresa María Rojas.

 

La pieza fue estrenada en inglés el año pasado por la compañía McCarter Theater, en Princeton, Nueva Jersey, y esta vez el propio Cruz toma el mando de la dirección para estrenarla en español por primera vez, bajo la producción de Alexa Kuve, aunque contará con traducción simultánea en inglés con auriculares.

 

La pasión de Cruz por el teatro se percibe en el rigor con el que asume cada montaje y, sobre todo, en su interés por presentar piezas de calidad en una ciudad tan hambrienta de buen teatro como Miami. Es el mismo rigor que le permitió obtener el prestigioso premio Pulitzer de teatro, en 2003, gracias a su pieza Ana en el trópico, y el mismo año el galardón Steinberg, que otorga la Asociación Americana de Críticos de Teatro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los actores Claudia Valdés y Ariel Texidó interpretan a Marcela y al padre Monroe, respectivamente.

 

DIARIO LAS AMÉRICAS conversó con el dramaturgo y director sobre Baño de luna, concebida hace tan solo dos años y que se desarrolla alrededor del diario vivir de una familia cubanoamericana en Miami.

 

"La obra comienza con el padre Monroe dando un sermón sobre el amor, y plantea que éste no tiene condiciones, que derriba los muros y acerca a las personas", anticipó Cruz. De esta manera se presenta el motor principal de la trama: el amor. Y en la pieza, ese sentimiento es acción, cambio, pero también motivo de intensos debates sobre la pasión y la moral.

 

En medio de una crisis económica, una pianista llamada Marcela y su familia se ven obligados a vender el piano para que su hermano pueda pagar sus estudios universitarios. A Marcela parece caerle el mundo encima; debe lidiar con su hija adolescente y con su madre Martina. Sin embargo, encuentra consuelo en sus visitas a la iglesia, donde el padre Monroe le permite usar el piano. El amor por la música los acerca cada vez más, al punto de que el padre Monroe comienza a tambalearse entre su vocación religiosa y sus sentimientos por Marcela.

 

Creación

 

Dos motivos principales impulsaron al autor a crear la pieza: la crisis económica de Estados Unidos en el 2009 y un escándalo mediático que se desató alrededor de la Iglesia Católica en ese mismo año.

 

"Viajaba de Nueva York a Miami en los tiempos en que ocurrió el escándalo con el padre Alberto Cutié", reveló Cruz, refiriéndose al sacerdote católico que renunció al celibato tras enamorarse profundamente de una mujer.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El dramaturgo Nilo Cruz dirige la obra Baño de luna.

 

El padre Alberto, según él mismo reveló alguna vez, se vio en la encrucijada de mantener su promesa con la Iglesia o ceder a un amor cada vez más intenso. Este dilema es precisamente el eje dramático de la pieza, concebida desde los personajes, que dictaron las líneas argumentales.

 

"Poco a poco fui enlazando ambos mundos a través de los personajes, pues no soy autor de argumentos per se, y así fui descubriendo a Marcela, una pianista que perdió su piano porque su madre lo vendió para que su hermano pudiera ir a la universidad. Siempre empiezo con personajes y dejo que la obra tome su propio rumbo", confesó Cruz, quien suele encontrar junto a sus actores las intimidades de una obra.

 

"El teatro surge en una tercera dimensión, lo estás leyendo y se está yendo. Pero cuando se trabaja con los actores se descubre la esencia de una escena. El verdadero estudio del dramaturgo y el director ocurre en una sala de ensayos", afirmó.

 

Reparto

 

El elenco está integrado por Claudia Valdés como Marcela, Ariel Texidó como el padre Monroe, Carlos Acosta Milián como el Obispo Andrews, Andrea Ferro como Trini, y Joel Hernández Lara como Taviano.

 

A ellos se une la consagrada actriz Teresa María Rojas, que anuncia su adiós a la escena teatral con el personaje de Martina y su participación en esta obra. La actriz, profesora, escritora y poetisa, que fundó en 1973 el grupo teatro Prometeo, del Miami Dade College, dijo sentirse honrada por integrar al elenco y recalcó que esta obra es perfecta para despedirse de las tablas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Esta puesta en escena marca la despedida de la actriz Teresa María Rojas, quien encarna a Martina.

 

De esta manera, la intéprete asegura que encontró la obra con la cual podrá cerrar una larga y fructífera ruta teatral, que fue escrita precisamente por Cruz, uno de sus alumnos de Prometeo más exitosos.

 

A diferencia de otros actores, ella no desea morir en el escenario. Prefiere llevarse los mejores recuerdos y también el sabor de esta última puesta en escena. Sin embargo, como aseguró a este medio, no se trata de un adiós al teatro.

 

"El amor y la vocación simplemente no permiten despedidas. Me despido de la escena, ya lo he dicho, pero nunca del teatro. Ese siempre estará conmigo", afirmó la actriz.

 

Del elenco, Teresa María fue la única que no participó en el proceso de elección, pues Cruz tenía bien claro que el personaje de Martina era suyo. “Me inspiré mucho en Teresa para el papel de Martina. Tiene mucho de ella", afirmó el director.

 

Proyectos

Sobre sus proyectos futuros, Cruz adelantó que se encuentra escribiendo una obra que pondrá en manos del grupo teatral neoyorquino Repertorio Español, que celebra su quincuagésimo aniversario. Además, el consagrado dramaturgo prepara una ópera basada en la relación entre Frida Kahlo y Diego Rivera, que será estrenada en el Fort Worth Opera de Texas en 2020.

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